Contratistas privados construyen lo que llaman una "fábrica de agua" y están convencidos de que encontraron el Santo Grial, la Piedra Filosofal: una manera económica de tornar el agua marina en agua potable de alta calidad.
Es casi un cliché decir que en Medio Oriente el asunto más divisivo no es la tierra ni el petróleo sino el agua.
De hecho, muchos expertos creen que el agua será la causa de la próxima guerra en la región.
Así que la idea de un suministro ilimitado de agua potable barata entusiasma enormemente a los ingenieros.
"Creo que los problemas de agua, no sólo en el Medio Oriente, sino también en el resto del mundo, pueden ser resueltos a precios comparativamente competitivos", dice, entusiasmado, Gustavo Kronenberg, uno de los ingenieros a cargo del proyecto.
"No hay problema de falta de agua, el problema es quitarle la sal: ha mucha agua en el mar".
Pero el problema real, hasta ahora, había sido el costo. La desalinización del agua ha sido hasta el momento la tecnología de último recurso: la "solución Rolls Royce" de un acaudalado reino desértico como Arabia Saudita.
Nueva tecnología
Ahora, la planta en Ashkelon, en la costa mediterránea israelí, promete proveer agua a alrededor de US$0,52 por metro cúbico, sólo un poco más caro que el costo actual de agua en Israel, US$0,45 por metro cúbico.
Además, el agua de la nueva planta será de mejor calidad y los precios seguirán bajando.
Cuando esté terminada el año próximo, la planta de Ashkelon producirá 100 millones de metros cúbicos al año, lo que equivale a cerca del 15% del consumo local de agua en Israel (excluyendo agricultura e industria).
La clave del éxito es una tecnología llamada "ósmosis revertida" que esencialmente se trata de pasar agua a través de una membrana o filtro usando una presión muy alta.
Para producir esa presión se necesita mucha energía. En Ashkelon han cortado esos costos construyendo su propia planta de energía, que forma parte de la unidad.
Nuevas tecnologías reciclan la energía sobrante como parte del proceso. Las membranas mismas constantemente son mejoradas para hacerlas más eficientes.
¿Solución internacional?
Otros países de la región han expresado su interés por la tecnología.
La vecina Jordania está sedienta: ocupa el décimo lugar de abajo hacia arriba en la liga mundial de agua.
El suministro se mantiene, pero sólo extrayendo agua de las profundidades de la tierra, la que, tarde o temprano, se acabará.
Con sólo tres plantas del tamaño de las de Ashkelon se solucionaría el déficit de agua jordano.
Una de las ideas que se están estudiando es extender una enorme tubería desde el Mar Rojo hasta el Mar Muerto.
Parte del agua sería usada para rellenar el Mar Muerto, que se está secando a un ritmo de un metro por año pues los países vecinos usan el agua que antes lo abastecía.
El resto del agua de la tubería podría limpiarse utilizando la tecnología desarrollada en Israel para suplir del precioso líquido a Jordania, Israel y los palestinos.
Menos cara que la guerra
Ese plan fue presentado ante el Banco Mundial para que se haga un análisis de viabilidad, pero el costo final podría contarse en miles de millones de dólares.
El reto entonces es lograr una especie de inversión política en la región en momentos en los que el proceso de paz está congelado.
"En nuestra experiencia, el agua es un elemento para la paz y la cooperación", arguye el ministro del Agua de Jordania, Hazem al-Nasser.
"Todos los países están listos a cooperar cuando se trata de agua", explica.
Ese es un análisis muy optimista de lo que ha sido uno de los problemas más difíciles de la política del Medio Oriente.
En la planta de tratamiento de agua de Ashkelon, el ingeniero Gustavo Kronenberg tiene una perspectiva algo diferente.
"Desafortunadamente el agua es una de las razones para crear una guerra. Pero el costo de un (avión de combate) F-16 es más o menos el de esta planta de desalinización".
"Yo creo que al fin y al cabo será más barato resolver el conflicto basándose en este tipo de plantas que comprando más F-16s para la guerra".
|